sábado, 1 de septiembre de 2012

Páginas 50-59

Una de las escenas más familiares de En busca del tiempo perdido es, por supuesto, la llamada "de la magdalena". El narrador recuerda (se trata de uno de esos tiempos indeterminados que jamás podremos ubicar con verdadera precisión en la cronología) una tarde en que llegó a su casa cansado y su madre lo convenció de tomar -contra su costumbre, y esta aclaración es interesante dado el valor del concepto de "costumbre" en la obra de Proust- una taza de tilo con magdalenas. A la primera probada del pastelcito remojado en té el narrador experimenta
...un placer delicioso, aislado, sin que tuviera yo idea de su causa. Al momento me había vuelto indiferentes -como hace el amor- las vicisitudes de la vida, sus inofensivos desastres, su ilusoria brevedad, colmándome de una esencia preciosa: o, mejor dicho, esa esencia no estaba en mí sino que era yo. Había cesado de sentirme mediocre, contingente, mortal (p.52).

Pronto el narrador entiende que la repetir la situación (es decir remojar un nuevo pedacito de magdalena en el té) no lo ayudará a entender qué está pasando. Las respuestas, decide, están en su interior, y se apresta a buscarlas. Pronto lo logra: el recuerdo "sube" (se habla del "rumor de las tierras atravesadas") y adquiere definición: en Combray, la tía Léonie ("Leoncia", en la traducción de Pedro Salinas) convidaba al narrador con tilo y magdalenas; pero la cosa no se detiene aquí. El narrador había discurrido (páginas 51-52) sobre la posibilidad de que el pasado fuera imposible de evocar con intensidad (diferenciando la evocación intelectual de la memoria voluntaria a la "verdadera" aparición del recuerdo completo, físico, sensorial, involuntario), y mencionó de pasada

...la creencia celta de que las almas de aquellos a los que hemos perdido están cautivas en un ser inferior -en un animal, un vegetal, una cosa inanimada-, perdidas, en efecto, para nosotros hasta el día -que para muchos nunca llega- en que pasamos por casualidad cerca del árbol y nos adueñamos del objeto que es su prisión... (p.52)

Está claro entonces que la magdalena ablandada en té de tilo implica una experiencia análoga a la de encontrar en ese árbol el alma de alguna persona perdida. Y, por supuesto, a volver a dotar de vida al pasado, al "tiempo perdido" si se quiere. El narrador, por tanto, recuerda a su tía y mucho más:

...como en ese juego en el que los japoneses se divierten mojando en un tazón de porcelana lleno de agua trocitos de papel, hasta entonces indistintos, que, en cuanto los sumergen en el agua, se estiran, se retuercen, se colorean, se diferencian, se vuelven flores, casas, personajes consistentes y reconocibles, también entonces todas las flores de nuestro jardín, las del parque del Sr.Swann, los nenúfares del Vivonne, la buena gente del peublo, sus casitas, la iglesia, todo Combray y sus alrededores -todo aquello, que iba cobrando forma y solidez- salió -ciudad y jardines- de mi taza de té (p.55).

Con "todo aquello", por supuesto, nos encontraremos en la extensa narración que sigue.
En la página 55 de esta edición aparece el primer final de capítulo hasta el momento: La segunda parte de la sección "Combray" se referirá a la vida del narrador en los largos veranos de su infancia, y comienza, precisamente, con la tía Léonie, encerrada en su habitación, permanentemente acostada y hablando sola.

7 comentarios:

  1. NO ENTIENDO..... QUE SE BUSCA COMENTANDO CADA PAGINA DE LAS MIL MILLONES QUE TIENE LA GRAN NOVELA DE PROUST?

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  2. No me interesa que vos o cualquier lector gane o pierda nada; lo hago como manera de trabajar con mi lectura. El que gana soy yo.

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  3. En otras palabras: no "busco" absolutamente nada más que leer a Proust con una suerte de disciplina autoimpuesta.

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  4. Saludos, voy por la página 130 pero creo que me perdí algo más o menos a la altura de comienzos de la parte "Combray".

    ¿Con quién vive el protagonista? ¿Con sus abuelos? ¿Con su tía Leonie? En un comienzo me pareció que lo hacía con los primeros, pero luego me dio la impresión de que era con la segunda. ¿O viven todos juntos?

    De ante mano muchas gracias.

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  5. El protagonista vive con sus padres y sus abuelos en París, pero algunos veranos (no queda claro cuántos ni la edad del narrador) los pasa en Combray, en casa de su tía Léonie. Gracias por pasar y dejar la consulta.

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  6. Pero aún no me queda claro. Al comienzo de la parte "Combray" describen la casa de la tía Léonie. Anterior a ello, se describe la casa en la que la abuela solía pasear en los días de lluvia, la misma en la cual Swann toca la campanilla para entrar.

    A su vez, en el episodio del beso de la mamá, el protagonista sube a su cuarto mientras toda su familia está en la mesa. Del mismo modo que toda la familia está reunida los sábados, cuando almuerzan a las 11.

    Entonces, si me dices que sus abuelos también son de París (cosa que desconocía, quizás se me olvidó en la lectura o aún no llego a la parte en la que se menciona), ¿es toda la familia -protagonista, mamá, papá, las dos tías, abuelo y abuela-, los que se queda en la casa de la tía Léonie, que a su vez es la misma descrita a comienzo de la parte "Combray" y en la cual la abuela sale a caminar por su jardín los días de lluvia?

    Quizás me estoy confundiendo solo... en fin, qué gran libro.

    ¡Saludos!

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  7. Exacto, es toda la familia la que se queda con la tía Léonie (tía abuela del narrador, para ser más exactos).
    O al menos eso cabe suponer. Hay un gran efecto de "imprecisión" en todos estos pasajes de "Combray". Es parte de su encanto!

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